El 10 de noviembre de 1810 se reconocía en España la libertad de prensa mediante una ley aprobada en las Cortes Ordinarias y Extraordinarias en la ciudad de Cádiz. A partir de este momento, se ponía fin a la censura eclesiástica reafirmada en el Concilio de Trento con la publicación de una lista de libros prohibidos y a la censura política impuesta desde el Juzgado Central de Imprentas con sede en la Real Cancillería de Valladolid.
La “libertad política de la imprenta” nombrada en la ley, constituye el embrión primero de la libertad de prensa en España abriendo el camino para la creación de nuevos periódicos y publicaciones de opinión.