Sexo

Cómo practicar sexo con petardas

El sexo es una de las actividades más placenteras que existen en esta vida, pero para disfrutar al máximo se ha de tener cierto amor propio y capacidad de encontrar la persona adecuada. Algunas mujeres son unas petardas redomadas que no saben lo que quieren o que conciben el sexo de una manera peculiar, lo que supone una clara discriminación hacia ellas. Aunque no sea un tema social que se trate de manera abierta, hace décadas que se estudian las relaciones de poder y desigualdad.

Para que dichas relaciones sean recíprocas deben darse una serie de puntos que el contexto de heteropatriarcado machista no acaba de propiciar. En la búsqueda de una teoría hacia la igualdad de sexos, el feminismo occidental ha reivindicado muchas luchas (discriminación por raza, clase social, cultura, etc.), y que solo puede desembocar en un mayor disfrute de las relaciones sexuales para todas las partes.

Vivir una sexualidad plena en el siglo XXI

En ese sentimiento de distinción de sexos y otros aspectos de las personas se intenta no enfatizar las desigualdades sino intentar de buscar puntos en común para crecer en torno a unas bases sólidas y positivas. A fin de cuentas, de lo contrario nos podemos ver envueltos en una espiral de negatividad de la que es difícil salir, y lo que prima hoy en día es encontrar una solución al conflicto y establecer unos términos de relación de igual a igual, y sobre todo terminar con la lacra de la violencia sexista, tanto física como psicológica.

Para ello, hay que ir un paso más allá de lo que vendría a ser un análisis descriptivo de las discriminaciones y poner en tela de juicio el funcionamiento de nuestra sociedad occidental, para pasar a la acción con propuestas claras y concisas sobre cómo se puede construir un mundo más benévolo con las mujeres, y con los hombres al fin y al cabo.

La desigualdad de géneros está presente prácticamente en todos los ámbitos de la vida, y por eso las políticas identitarias deben ser transversales y acabar con muros que no sirven para nada. La lucha feminista tiene que aunar fuerzas y potencia sus estrategias de resistencia, echando un vistazo a lo que ha funcionado en el pasado pero también mirando hacia el futuro y adaptándonos a nuestros tiempos. La integración de cambios de manera orgánica es la clave del éxito para una mejora duradera.

Evidentemente, está más que demostrado que nuestra clase política no está lo suficientemente comprometida con la gravedad del asunto, y parece que los cambios solo llegarán con un amplio respaldo social y la fuerza de un activismo comprometido y reaccionario. La clave reside en que las nuevas generaciones den la espalda a actitudes del pasado y miren hacia adelante con el objetivo de cambiar la perspectiva sobre el sexo y buscar maneras de hacerlo más placentero para todos y todas desde diferentes enfoques.

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